Un estilo de vida que contagia

La semana pasada inauguramos nuestro blog con lo que por lo general se piensa de la vida cristiana y de la relación entre la iglesia y los jóvenes. Ahora hemos dado un paso más y hemos hablado con ellos mismos, con algunos de los que participan de esta vida cristiana y por lo que su visión es totalmente diferente. Son jóvenes con inquietudes que han encontrado un estilo de vida que los hace felices y que les ayuda a ser mejores personas. Estas han sido sus declaraciones:

Hace apenas unas horas que he vuelto de una convivencia con chavales de 1º a 4º de la ESO, donde he sido catequista junto a un gran equipo. Un grupo de casi 30 personas que individualmente hemos decidido dedicar parte de nuestro tiempo a educar en fe y valores a chavales con iniciativa.
Aunque ahora estoy físicamente muerto, hay algo que ha crecido dentro de mí. Sin duda, ha sido mi fe en Cristo. Mi fe en esa parte de la Iglesia que confía en los jóvenes y les invita a creer y confiar en que Jesús está presente en nuestras vidas.
Visto así, esto puede parecer muy teórico. ¿Cómo unos chavales de apenas 16 años pueden ver a Cristo en sus vidas? ¿Cómo ellos, con tan poca madurez, pueden actuar de la forma que Jesús nos enseñó con su vida? Pues sí, así es. He descubierto que los jóvenes tienen grandes inquietudes por la pobreza, por la gente marginada, por todos aquellos que necesitan ayuda.
Hoy un grupo de chicos y chicas me contaban que los fines de semanas colaboran en un comedor social de su pueblo, y que cada vez que hay algún evento para ayudar a quien lo necesita, allí están. Otros, reflexionando sobre cómo somos con los demás, explicaban que es más importante acercarse a los que están solos que ser bien visto por el resto del grupo.  Así podría contar miles de momentos que me han hecho quedarme con la boca abierta, porque aunque parece irreal, eran un grupo de apenas 16 años. 
Todos sabemos que Jesús vivió hace 2000 años, pero su historia se repite día tras día. En el momento en que alguien es discriminado y salimos a su defensa. Cuando alguien es castigado injustamente y buscamos su inocencia. Cuando alguien necesita nuestra ayuda y le tendemos la mano.  Todo esto pasó hace 2000 años y sigue ocurriendo, pero tenemos el camino para cambiarlo. 
Compartir estos momentos con gente de tu edad, que tiene las mismas inquietudes que tú, te hace ver que un cambio es posible.  Hoy en día, hay una imagen de la iglesia alejada del mundo. Una iglesia altiva, distante, que solo se ocupa de dar opiniones y crear conflictos morales.  Pero no es así. Gran parte de la iglesia se encarga de formar y guiar a los jóvenes para que en su vida no pasen desapercibidos los más necesitados. En hacer llegar a la gente esas pobrezas e intentar subsanarlas. 
Como decía, éramos un grupo de unos 30 monitores y 130 chavales que tenemos grandes sueños, y apostamos por ellos. Sueños de igualdad, respeto, tolerancia, solidaridad. Sueños que nos permiten llevar a cabo esta misión siguiendo los pasos de Jesús. 
Como dice nuestro lema de este curso: Sueña con algo grande. Apuesta por Cristo.

Grupo de monitores en la convivencia. Fuente: JMV Pamplona

Otro joven se atrevió a decirnos:

El kerigma es una palabra en griego que refiere al primer anuncio de la palabra de Dios. Desde que tropecé con el kerigma o él conmigo, mi primera reacción fue ignorar todo aquello que se relacionara con el ello: iglesia, dios, catequesis, grupos de jóvenes… no quería saber nada, tal vez por estar acostumbrado a escuchar cosas negativas de todo ello, tal vez porque en realidad no me llamaba la atención o simplemente era más el temor a conocer algo nuevo o no caer “en la trampa” en donde tantos jóvenes frikis habían caído… Pero hubo algo que no pude ignorar, más bien a alguien: la persona que me invitó a conocer aquella Palabra llamada de Dios. Era mi compañero del cole, lo veía, le hablaba y andaba con él todo el día. Cuando me hizo la invitación me sorprendió que me lo dijera pues parecía un chico normal: hacía travesuras, bromeaba, iba a fiestas, sabía de música, bailaba… yo me había acercado a él desde el inicio de un curso porque me lo había encontrado en un bar con su novia y un grupo de personas un sábado por la noche. Nuestra amistad se forjó sobre todo en el colegio y de vez en cuando para ver un partido, ir a comprar algo o simplemente hablar… Pero siempre me extrañó algo de él y fue cuando me atreví a preguntárselo cuando surgió en mi vida decisión de responder o no al kerigma. Me llamaba la atención que mi amigo siempre andaba feliz; y hoy incluso debo reconocer que muchas de las veces que quedé con mi amigo era por la sencilla razón de que aquella alegría él la transmitía y aunque anduvieras destrozado mi amigo siempre sabía hacerte sentir mejor.
Lo que pregunté a mi amigo en una ocasión fue: ¿Por qué siempre andas feliz, cómo lo haces?… Y allí llegó lo que nunca esperé de mi amigo, me hablo de Dios, de ir a las catequesis de su parroquia, del grupo de jóvenes al que pertenece, de las convivencias, retiros, campamentos, formaciones y una serie de cosas que no me sonaban muy bien. Me invitó un jueves a ir con él el sábado siguiente. No le di importancia, no me gustó su invitación. Lo evité todo el viernes y dejé que pasara el fin de semana. Lunes, martes y miércoles fui esquivo y lo ignoré… sin embargo su invitación taladraba mi cabeza, se lo comenté a mi novia y aunque a ella también le sorprendió lo que le conté, me ayudó a ver que si valoro y quiero a mi amigo debía aceptarlo tal y como él era. Le seguí hablando y de hecho mi amigo me dijo que había notado mi indiferencia a raíz de su invitación y me dijo: no temas a lo que no conoces, date la oportunidad de conocer por ti mismo todo de lo que te hablé… eso me hizo pensar y acepté acompañarle. Fui con mi amigo a su grupo 15 días después de aquel kerigma y lo que más me sorprendió fue que salí riendo como un tonto y no paraba de hacerlo, los otros jóvenes me acogieron como si tuviera ya meses de estar asistiendo, la gente se me acercaba y me daba la bienvenida advirtiéndome que volviera y que no pasara de ello. No dejé de ir. En aquel grupo aprendí lo que implica estar bautizado, que la Iglesia no son los curas y las monjas sino que somos todos, entendí mucho mejor la importancia de la eucaristía y el resto de los sacramentos, aprendí el valor de la felicidad al que no he querido renunciar nunca, y desde aquel primer anuncio no he dejado de ser un católico practicante… menuda tela la del kerigma este jajajaja…. Mi amigo me acercó a Jesús y yo acerqué a él a mucha gente más tan solo con una invitación… con un anuncio indirecto… Mi vida ha dado un giro de 360º desde aquella ocasión. Ahora yo promuevo, acompaño e invito a mucha gente a este tipo de actividades y comparto la felicidad que da Dios… algunos pueden pensar que lo que se experimenta en las actividades de la iglesia son tan solo un cúmulo de meros sentimientos positivos, yo también llegué a pensarlo y hoy estoy seguro de que lo que se experimenta es a Dios mismo… ¿cómo así? Pues, no temas a lo que no conoces y date la oportunidad de conocerlo por ti mismo.

Catequistas del encuentro. Fuente: JMV Pamplona

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2 respuestas a Un estilo de vida que contagia

  1. MAFE dijo:

    Además de sorprenderme, me emociona ver que hay cada vez más gente joven dispuesta a actuar, que cuesta claro, pero definitivamente Dios no nos deja indiferentes jamás. Adelanta chicos.
    También quiero saber dónde conseguir información de este grupo, conozco gente que le gustaría participar, me podéis ayudar con el dato.
    gracias

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    • En algunas parroquias y colegios de Valencia y de sus alrededores se encuentran los diversos centros de la asociación (aunque en realidad su presencia es a nivel nacional e internacional). Tendrían que acercarse y únicamente decir que quieren formar parte, ellos les dirán los pasos a seguir.
      Si quieres obtener una información más detallada o tienes alguna duda puedes escribirnos al correo: aunquetunoloveas@hotmail.com

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